domingo, 11 de junio de 2017

Un buen día de trabajo en la cárcel

Eufemísticamente "centro penitenciario".

La crónica que sigue la redacté hace días, la publico con desfase pero no importa...


Hoy fue mi segundo día. 
Muchas colegas me advirtieron del "curso difícil". Y hoy tuve con ellos. Jóvenes, de en promedio 25 por ahí. Te observan mucho, te testean, te sondean. 

Me fue bien.
Resulta que uno de ellos asistió a la misma escuela que yo en básica.

También me tocó el curso de los "viejitos", los que no dan problema alguno. Son empeñosos pero les cuesta. Sin embargo hoy presencié algo que nadie me había contado: cuando los dos primeros de la clase terminaron su trabajo y lo entregaron, se levantaron a ayudar a otros que les costaba más. Al final todos terminaron el ejercicio dentro del plazo. Maestros!

El primer curso que tuve ayer me enseñó sobre los sueños: un alumno me contó que cuando termine su condena se irá a trabajar a los Estados Unidos, le di algunos tips. Y aproveché de pelar a los gringos...
En ese mismo curso un caballero de unos sesenta y algo me habló de cómo cuando él salga libre quiere conocer mi ciudad (llegó trasladado de otro centro penal y pasó literalmente del aeropuerto a la celda.
Le pregunté si preferiría el campo o la ciudad? me respondió que era hombre más de campo que de ciudad. Le hablé un poco sobre los bosques de la región.
Hablamos del fútbol, del partido que se viene con Alemania.
Los internos le ponen empeño, deben luchar por verse "cool" pero a la vez rendir bien, no ser motivo de burlas.
Respetan a los profesores y les gusta conversar, aunque también saben "leerlo" a uno muy bien.

Algunas colegas por ahí me han pasado el dato que a veces los motiva mucho un pequeño regalito inofensivo, como llevar dulces o confites para repartir al final a los que se los "ganen". Es que eso es exactamente lo que hice durante 10 años con niños pequeños cuando trabajaba en un colegio ("X" para los de mis blogs antiguos xD
Aprendí cómo mejoraba el rendimiento y comportamiento con la esperanza que al final de la clase se ganarían un premio si lo hacían bien...

También me gustaría regalarles libros, pero no está fácil la selección, no quiero regalar un libro que los deprima, pero tampoco uno de esos que vendan palabrería. Algo que les sirva pero sin ser autoayuda o un libro que pudiera estar en su velador y que no sea motivo de burlas y risas de parte de los compañeros. Quizá algo de Bukoski pensaba... pero no sé.

También tuve con un curso en el pabellon de mujeres. Todo bien, repasamos los colores y animales, además de preguntas sencillas como What's your name? o What's your favorite color?
Muy respetuosas las 2 alumnas y empeñosas.

En general les dije que para mí estar con ellos era igual como estar en cualquier otra sala con alumnos adultos con los que trabajo también como la academia. 

Me dicen mis colegas que entre esos alumnos, tal está por homicidio, tal femicidio, otro por abuso, tal por robo, y etc etc.
Y yo me digo que prefiero conocerlos por mí mismo. 
Ellos llevan su karma lo mejor que pueden, cargan además con todo el peso de la sociedad. Uno me preguntaba hoy si acaso yo me imaginaba que sería muy difícil el hacer clases ahí, les dije que no, que muchos prejuicios eran más por ignorancia.

Quiero en el fondo que sepan que los considero personas. 
El tema profesor-alumno implica, a mi gusto, necesariamente que también alumno se sienta respetado y que en el fondo en no pocas ocasiones la vida nos recuerda que a veces el que está en el lugar de "aprendiz" puede también terminar siendo maestr@.






1 comentario:

  1. Me gusta tu texto es amplio
    claro
    bueno
    y me ha dejado un buen sabor en la boca

    ResponderEliminar

Gracias por leer y comentar!