¿Qué sabemos de las vidas de los que nos rodean? y no hablo sólo de la familia, amigos o nuestras parejas, sino incluso de compañer@s de trabajo. Cada uno luchando día a día por sacar a adelante sus propias vidas, la esforzada compañera que por ejemplo el pasado sábado por la mañana me hablaba de sus opciones para estudiar en el extranjero y perfeccionarse, lamentablemente no pude ayudarla mucho con una opinión que la orientara porque hace años que no me he informado sobre posibilidades de capacitación en otros países. El otro compañero que siendo tan destacado en lo que hace mira a menos las capacitaciones: ¿para qué? ¿para seguir en los mismos trabajos que dan vuelta en la región? me di cuenta que no es demasiado ambicioso, siendo casi 15 años menor que yo ya suena como desilusionado de las expectativas que a veces el trabajo de profesor puede ofrecer. Me acordé de mi propia estadía en los EE.UU. de lo bien que lo pasé y cuánto aprendí, no sólo en el área pedagógica per se, sino en el gran bagaje cultural e idiomático que la estadía en un país extranjero te puede ofrecer incluso en un corto tiempo. De eso me siento agradecido, supongo nunca es suficiente y se podría volver, pero tal vez tampoco soy tan ambicioso en mi carrera. Hoy tras salir del baño en mi casa me preguntaba por qué, ¿por qué es que algunas personas se obsesionan con subir en sus trabajos, en mejorar sus competencias, en sumar diplomas y grados, en llegar a ser quien mande a los que saben? Quien manda "a los que saben" supongo es lo más alto que se puede llegar: ser el jefe incluso de gente que ha estudiado más que tú o que en muchos aspectos está mejor preparada, pero no importa: ¿quién es el jefe? ¿Me interesa subir en mi escala jerárquica profesional? ¿Deseo tener una cómoda posición donde no tenga que esta en aula? Tengo compañeras de trabajo que cada día van dejando más la educación (entendida como carrera, no como modales...) para dedicarse a terapias de flores de Bach. Otra ha iniciado su propia micro aventura empresarial vendiendo tejidos para bebés. Lo que sea que implique salir del aula para poder ganar lo mismo (o más) en algo que no te haga sufrir -supongo cuando uno empieza a buscar alternativas para no ejercer aquello para lo que estudiaste 5 años es porque no te está haciendo feliz. Y está muy bien que cada uno encuentre su felicidad donde le plazca, pero si puedo hablar por mí, digo que aún no me veo fuera de un aula. Been there done that, una vez lo hice, en una universidad donde trabajé un tiempo fui ascendido a jefe de carrera y la verdad no lo disfruté. Me vi aprendiendo la burocracia de lo que implica gestionar una carrera, los problemas, las soluciones, las mediaciones, todo. Y pensé: a mí lo que me gustaba era enseñar inglés a gente. Y aprender también de todos. Si bien no disfruto demasiado levantarme a trabajar un sábado por la mañana, cuando llego a la clase con los niños para el curso de inglés, los escucho, los observo y me acuerdo de lo bien que esta profesión me hace sentir. Aún así me voy haciendo viejo, aún tengo la energía, la creatividad (bueno supongo eso nunca se pierde) y la complicidad que te da el por ejemplo jugar a los mismos video juegos que estos treceañeros juegan. Tal vez un día quiera descansar mis huesos tan sólo haciendo terapias de flores de Bach y convenciendo a la gente que si me pagan puedo aliviarles los males yo: un profesor. No lo sé, nunca he tenido alma de médico, tal vez de psicólogo, pero no sé, aún no es mi momento, de hecho poca gente sabe que hace algunos años tomé el curso de Reiki (nivel 1) pero decidí no continuarlo. Tal vez lo mío no va por "sanar gente". Ni tampoco por ganar dinero rápido. Suelo decir, tanto en broma como en serio, que el dinero me importa poco, yo soy de los tipos que viste ropas hasta que se rompen o simplemente no me quedan más. Hay zapatos que tengo hace más de 10 años. Y no es que venga de una familia tan pobre, es sólo que los veo como algo accesorio. ¿Comprar ropa? tal vez una vez al año. Pero bueno, no tengo hij@s, supongo eso cambia toda la ecuación. Ayer me daba cuenta que no tengo idea cómo distinguir unos zapatos de cuestan sobre 200 mil pesos de unos chinos que salen 19 mil. No lo sé, no miro los zapatos a la gente, pero hay quienes sí y por ello te tasan, te juzgan y se hacen una idea de quién eres. Tanto mi amiga que se irá pronto a Europa a perfeccionarse, como la de las terapias florales, (como también la de los lindos bordados) son mamás. Deben estar pensando que no basta con hacer lo que a uno le gusta: si eso te obliga a trabajar incluso un sábado por la mañana, cuando podrías ganar lo mismo por menos tiempo laboral y más en familia. Sólo reflexiones de un día bastante relajado -no me puedo quejar- es que desde anoche estoy con una agresiva gripe así es que cancelé mis 2 clases del lunes. El martes veremos cómo amanezco. Esta semana me la juego por mi salud porque la próxima comienzo un nuevo e interesante desafío haciendo clases en la cárcel de la ciudad. No sólo a los hombres, también en el pabellón de mujeres. Veremos qué tan real es Orange is the new Black de Netflix, já. Además de eso puedo contar que estuve alejado de mi blog porque desde el jueves tuve una especial visita y quería brindar toda mi atención y tiempo. <3 He podido además charlar por teléfono con mi mamá y con mi padre logré juntarme antes que viajara. Nos tomamos unas cervezas juntos, en realidad varias y hablamos de cosas que no hemos hablado en 40 años. Disfruto esas conversaciones, aunque confieso con no poca vergüenza, son algo nuevo en mi vida. Pero nunca es tarde, de hecho en la conversación de la semana pasada con mi viejo le citaba a Facundo Cabral: la vida siempre te da revancha. La gatita Canela feliz, le compré juguetes nuevos y di en el clavo, ya la voy conociendo mejor. Las pesadillas me dieron descanso durante el fin de semana. Para mí compré una botella de absenta pero aún no encontré ocasión de abrirla, ah y también un nuevo mantel para mi casa y estoy orgulloso de el.
Ahora que me llegó un tan anhelado dinero he estado comprando algunas cosas que necesitaba para la casa, como por ejemplo mantel nuevo para la mesa del living, una malla de goma para no resbalar en la tina de baño (made in China), pantuflas nuevas, individuales que hacen juego con el mantel para la mesa, un set de ducha nuevo y juguetes para la gatita Canela -la pelota con hoyos con un objeto emplumado imposible de remover adentro le ha encantado particularmente:
Aparte de estos ítems, me doy cuenta que invierto más de lo que pensaba en comida: Aquí llegan esos platos preparados desde España embalados en envases listos para poner en horno microondas. Son fabulosos porque tras unos minutos obtienes una exquisita "frijolada". (También llegan desde Brasil!) que sirves humeante en tu plato y tienes alimento completo y contundente a un bajo precio y sin ensuciar mucha loza, já. Argentina me comparte aceitunas verdes de Salta o sus varios dulces, alfajores y galletas... Sabores de todo el mundo llegan a mi mesa cuando hay plata já. Las cervezas de Alemania, Polonia, Bélgica y artesanales de distintos lados. La economía capitalista será una m*erd* pero tiene su lado de apertura que trae a la mesa cosas que ni soñé algún día probar. Luego de saciar el estómago, pagar la renta, la cuota bancaria nro. 3 de 24, Internet, móvil, luz, gas, (el agua no me la cobran, bendición) y hasta auto-regalonearme con un tarro alto de papas fritas Pringles puedo separar otros tantos billetes para devolver pesos a amigos que me han ayudado en tiempos de necesidad. Estoy en relativa abundancia, se puede decir, mientras dure bienvenida.
Aproveché también de adquirir el más reciente disco de los Depeche Mode (Spirit), un tarrito de Mentholatum para oler (me encanta esa cosa) y hasta unas cabritas pop corn gringas listas para preparar en microondas. Aún así no he gastado un céntimo en ropa. Confieso que es mi prioridad menos importante (zapatos tampoco) y es que soy de los que usa prendas hasta que se rompan o desgasten ya sin remedio. La imagen no me importa mucho como tener algo en la panza. Menos las marcas que tan fácilmente etiquetan a personas, casi uniformándolas como soldados. Sí me faltan zapatos pero les compraré cuando se me dé la gana, primaria prioridad por ahora es ir al cine. Me hablan mal de "Alien Covenant" pero vuestra opinión no frenará mi curiosidad por saberlo por cuenta propia, como debe ser. Como sea, se mueve mi bolsillo; al mismo tiempo que he decidido mudarme al pan pita y adoptar el sanísimo té de jengibre... Igual reconozcamos que en no pocas ocasiones la abundancia también llama a
En este último tiempo son tantas las pesadillas que tengo cada noche que ya ni siquiera me asustan, hasta me producen un cierto interés cada vez que me acuesto... ¿qué me tocará ver y enfrentar esta noche?
(He tenido abandonado mi querido blog. Gracias a quienes han posteado, leo todo, sólo que responderé más cuando me concentre en un post más dedicado, de hecho este es un borrador que tenía de anoche antes que me dé sueño y apague el compu sin haber publicado...)
Recuerdo que fue el año 2006 que por vez primera conocí estas cosas.
Y la razón por la que recuerdo el año exacto es porque vino una estadounidense a hacer su práctica profesional para ser maestra en el colegio donde yo hacía clases por ese entonces. Con ella nos hicimos amigos y como su sueño era conocer también la Argentina, me propuso la acompañe a la vecina ciudad de Río Gallegos y ella apoyaba con la plata. Acepté y a la friendzone me fui con ella. En el bus sacó el frasquito y se frotó las manos con el gel antes de comer el sándwich que nos dieron como merienda. Me explicó que eran para desinfectar rápidamente y sin necesidad de agua. Me pareció fabuloso. No por delicado sino porque como profesor uno está expuesto a cientos de personas al día (trabajando en un colegio sobretodo y con cursos de 30 alumnos app). Es fácil agarrarse gripes u otros. En Chile aún no eran masivos si bien los había en farmacias, como que no prendía mucho el cuento y al menos en casa de mis padres nunca vi uno. Tampoco sentía uno la necesidad de adquirirlo. Supongo es como cuando recién salieron las botellas de agua mineral: para qué comprarla si la tienes en tu llave... Pero cuando llegué yo a los Estados Unidos ese mismo año los vi en las farmacias y a precios muy accesibles, de bolsillo y con la promesa de que mataban el 99,9% de gérmenes (y así se salvan de que uno no los pueda demandar si se enferma igual, ese 0.1 es su respaldo legal...) Me traje unos cuantos a Chile y al cabo de algunos años se hicieron más masivos aquí también. Hoy por hoy son comunes en las cajas de los supermercados o farmacias y como son cómodos transportables los puedes acarrear a todos lados. Los hay en gel y en "spray". Una mierda pero bueno, quería hablar sobre ello en mi blog. Já.
Las citas a ciegas de antes eran para brav@s... No tenías idea con quién te encontrarías, no había un Facebook que te muestre fotos, ni un Tinder, ni un Badoo, ni un Snapchat para ver. No había un Twitter para saber qué piensa esa persona. Lo más que podías esperar era info que te llegara por alguien más. Yo tuve varias citas a ciegas en los 90's y antes del 2010. Era fascinante. Pasaba de todo, podías congeniar tan vagamente que nunca más había una segunda salida, o bien, terminabas en una misma noche en la cama. O a veces también terminabas de novi@ con alguien por años... Había adrenalina. Valor y sobretodo seguridad en sí mismo: Te exponías a alguien desconocida que te juzgaría a la primera impresión. Si lo físico no acompañaba, se revelaban las otras cualidades, aunque claro, todo dependía de lo que uno busque. Había para todos los gustos. Incluso antes de Internet y cosas como chats (IRC) era, en mi caso, a veces sólo discar un número telefónico al azar con la esperanza que conteste una mujer. Luego de conversar y entablar amistad -alguna vez funcionó!- se daba la salida... O a veces eran cartas secretas, anónimas, en papel. Leía hace poco que los que conocimos el mundo antes de Internet NO extrañamos la vida antes de ella, pero no sé, había cosas que sí tenían otro gustillo; los desafíos enseñan..