Me fuerzo a escribir cuando no quiero. Mientras asumo frente al teclado la idea, pienso que no sé qué decir. Se me vienen a la cabeza innumerables anécdotas de lo que pasó en mi día laboral.
Ando atrasado con lo que es la parte burocrática de la profesión; a la sazón: tener que presentar planificaciones de lo que haré en cada clase o unidad u objetivo o como sea que se llamen esas cosas por las cuales juzgan mi trabajo, mientras yo no dejo de pensar en qué puedo hacer para ayudar.
Peques desde los más pequeños a los más grandes del cole están enfrentando problemas que no siempre el modelo tradicional de "colegio" puede resolver, pero también es válido preguntarse, podemos realmente "resolver" mucho ahí? niños que no obedecen ni a sus mamás y papás y nos van a venir a respetar a nosotros, que los vemos un par de clases a la semana...
No podemos hacer milagros.
Más sí intentarlo. Se han suscitado más suicidios de lo que quisiéramos en esta pequeña comunidad. Me encontré hace poco diciéndole a mis estudiantes mayores algo que leí una vez por ahí: "El suicidio es una solución definitiva a un problema temporal".
Saldré mal evaluado en lo que es presentar mis guías y material con anticipación y presentar planificaciones de lo que queda del semestre, pero lo siento jefaturas; ando preocupado de las vidas de mis estudiantes, el verbo to be puede esperar. Más urgente es escuchar a estas nuevas y nobles almas.
El invierno llega al austral continente y a la hermosa Tierra del Fuego (lado chileno de la isla), desde donde escribo, por cierto.