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martes, 6 de septiembre de 2016

No podía odiar

Ni por más que lo tratara, no podía odiar ¡y cómo querría!
Más no le salía, odiar no podía.

Desde siempre a quién le atacara terminaba la vida poniéndolo en la situación de ayudar al atacante de alguna forma...

Cuando grande llegó al dilema del tipo ese ladrón que ahora escapa porque acaba de robar en mi casa mientras yo lo persigo pero justo es atropellado y el conductor se da a la fuga: ¿pesco las cosas que me robó y dejo al ladrón en el suelo o llamo para pedir ayuda médica? (sólo yo he visto el accidente, no hay nadie más cerca...)

Y elegí que salvaría al infeliz que me haga daño también.

De viejo entendí y corroboré que son esos los mejores maestros, más que mal, lo que a veces creemos daño es también una enseñanza de visión, de sabiduría de decir: en esto no vuelvas a caer, ignora esta piedra la próxima vez...
Esos que creemos enemigos
tienen su misión y la cumplen. 

Nada personal.


lunes, 5 de septiembre de 2016

Escúchala querida, oye a la noche que avanza...



Recordé que hace rato no salía afuera de noche.

Como a mi gata no le gusta salir sola a veces abro la puerta, me siento en la entrada y ella sólo entonces se anima a salir tímidamente también.

Frente a mí tengo sólo otra puerta y edificación de la casa de adelante (yo arriendo una casita interior) disfruto mirar al cielo nocturno. 
Algunas pocas noches estrellado, otras nublado.

Hoy estaba nublado. 
Aún así "inhalar la noche" es ya sublime, aunque no veamos estrellas o luna allá arriba. 

Viéndome sentado en la entrada es que la gata viene corriendo y se queda a mis pies observando hacia la calle, calmando su frenesí(?). 
Acecha sombras que solo ella ve.  Arriba aún no aparecen estrellas.

Parece aburrirse, se entra. Y luego yo, la música suena en mi living y la noche, aquí adentro también avanza.


(Lo que da título a esta entrada es del poeta francés Charles Baudelaire - "Recogimiento")

sábado, 3 de septiembre de 2016

La Supervisión

La próxima semana seré supervisado en uno de mis trabajos, donde enseño a adultos. En realidad la institución le llama “Acompañamiento al aula.” Para mí es solo un eufemismo para no decir supervisión porque eso podría incomodar o poner nerviosos a algunos colegas. 

Generalmente ser supervisado en tu trabajo implica que verán qué tan bien lo haces. Habrá alguien en el aula mirando todo lo que haces, cada detalle, movimiento, palabra incluso y por supuesto las cosas más objetivas.

Y es que quien me supervise traerá consigo una pauta donde habrá elementos tipo “¿El docente inicia la clase con puntualidad? ¿Anuncia los objetivos a dominar al finalizar la clase? ¿Se observa un inicio, desarrollo y cierre de la clase? ¿Utiliza recursos tecnológicos?” y un largo etc.
Conozco esas pautas porque he hecho clases a estudiantes de pedagogía en inglés e incluso yo mismo fui supervisor de estos alumnos en sus prácticas hace algunos años. Era entretenido, pero para los pobres era muy estresante, tener al profesor al final de la sala mirando cómo intentas enseñar… y bueno, todos pasamos por eso en algún momento, yo también, hace unos 20 años en la universidad.

Esta vez no me complica porque mi asignatura trabaja con un texto de apoyo así que velarán más que nada que siga la planificación. Y creo que estas supervisiones van más orientadas a los profesionales que hacen clases aquí pero que no son profesores per se, es decir enfermeras, ingenieros o técnicos que deben ser buenos en su especialidad que aceptaron trabajar aquí haciendo clases y compartir sus conocimientos y “expertise”. Los profesores de universidad, los que estudiamos pedagogía sabemos cómo funciona una clase, bueno hablo por mí.


Y quizá es por eso que me han dejado para el final porque con muchos ya se iniciaron estos “acompañamientos” pero conmigo aún nada.


viernes, 2 de septiembre de 2016

Atrapando pokemones

Con no poco éxito se ha lanzado a nivel mundial una aplicación que es más bien un juego para teléfonos móviles llamada Pokémon Go. Está basada en la serie de dibujos animados Pokémon que irrumpieron en el mercado la verdad no recuerdo bien cuándo (fines de los 90’s? inicios del 2000?) pero sí sé que no eran de mi generación, es decir de pequeño no existían, yo miraba cosas como los Transformers, Pitufos, GI Joe y otros que no recuerdo.

Aún así cuando trabajaba en una escuela y hacía clases a niños pequeños hace unos 10 años recuerdo ver a los alumnos juntando láminas, pósters o tazos de los famosos pokemones, así que algo sé al respecto.

Decidí  descargárme la aplicación para probarla, más que mal, parece que a nadie le ha sido indiferente, ya sea porque a muchos (adultos inclusive!) parece gustarles y a otros les ha despertado unos interesantes sentimientos de rechazo y condena como si se tratara de algo muy maléfico, algo de eso he visto en redes sociales "gente estúpida, gente zombie, los hemos perdido, todo el día con esa tontera de los pokemones"...) No sé, a veces me parece que mucha crítica a algo que no usamos o no conocemos refleja más bien más algo sobre nosotros mismos… la vida es un espejo, andamos prestando atención a lo que nos gusta o no. A mi gusto la cosa debe ser vive y deja vivir. Si no le gusta o no entiende tal forma de entretención deje a los que sí les gusta disfrutarla. 

La cosa es que descargué el juego. Es simple, eres un personaje que camina por tu ciudad (el GPS trabaja con mapas de internet así que localizan exactamente en qué calle estás). A medida que caminas, avanzas en el mapa virtual y de repente encuentras uno de esos bichos llamados pokemones. Ahí debes atraparlo (gana el que más captura). Cuando los encuentras los "adquieres" con una bola (pokebola) que debes arrojarles y que no es infalible, a veces el sistema te dice que erraste y debes gastar otra pokebola. Estas no son infinitas, cuando se te acaban debes encontrar más y generalmente en lugares emblemáticos de tu ciudad como monumentos, iglesias o similares. El sistema como está conectado a Google maps sabe dónde hay ríos, largos o monumentos y ahí establece las llamadas “pokeparadas” que es donde hayas las pokebolas u otros elementos importantes.

A veces encuentras huevos donde te saldrán pokemones especiales, pero para que eclosionen debes caminar una cierta cantidad de kilómetros (2, 5 y hasta 10!) así que es bueno para hacer ejercicio.
A medida que capturas varios pokemones, vas subiendo de nivel y ganas cosas. Cuando ya has alcanzado cierto nivel puedes pasar a ciertos lugares llamados “gimnasios” donde podrás combatir para entrenar y ganar experiencia o bien, derrotar a otras personas que han dejado sus pokemones ahí.


En fin, hay mucho aún que me falta por aprender o descubrir pero hasta ahora ha sido divertido, además a veces me toca hacer clases a niños o jóvenes que están súper entusiasmados con este juego (furor similar al que causó Minecraft hace poco) así que tenemos tema de conversación y bueno, ganarme a los alumnos siempre asegura una mejor clase, donde aprenden más y mejor.


jueves, 1 de septiembre de 2016

La Garzona

La vi por primera vez hoy.
Con una sonrisa natural, cómplice y arreglando su cabello pasó con los jarros en la mano.

La próxima vez yo también sonreí y en un rato nos quedamos solos en el local. Hablamos de un gato que andaba por la cocina.

Luego la vi leyendo el diario y se pasó unas veces más frente a mí.
No puedo evitar volver a verla pronto...