Aviso, no habrá fotos en esta entrada, en la próxima sí! (la falta de signo de exclamación al inicio revela que esta es otra de mis típicas entradas puritas, sin intervención de IA para su redacción.)
Llegué a mi querido Santiago. Me hospedo por el centro, es tranquila la cosa. Muchos chilenos tienen el miedo de que hay peligro y alta criminalidad, eso es porque se han comprado gratis todo lo que los medios grandes le cuentan.
Cuando le cuentas a tus amigos sureños que te vienes a Santiago a pasar unos días te dan muchos consejos, pero priman los de "cuida tu celu" y sí, puede que, si tienes un iPhone de los últimos seas blanco, pero en mi caso con mi modesto Motorola de baja gama dudo que me tengan visto. Y de hecho desde que vengo a vacacionar aquí (2001) nunca me asaltaron.
De hecho, hace poco me asaltaron en el pueblo donde nací -Patagonia- así que cuando te deba tocar que toque nomás.
Como siempre, me hospedo en el corazón del centro, muchos inmigrantes venezolanos y colombianos por aquí. Son piola, en mi edificio no hay ruidos ni cosas raras. Son mayoría eso sí, me cruzo en el ascensor con 2 chilenos de cada 10 personas, jé. O bien, tienen mejor estado físico y prefieren las escaleras mis amigos internacionales, no es raro. Aquí en la capital hay tanto gym ahora en cada cuadra y con estas temperaturas de 30 grados debe ser interesante la bajada de peso, me interesa, ya que me encuentro pasado (pesando 80kg en la actualidad.)
Igual la capital tiene harta historia para mí, aquí vine por primera vez hace casi 24 años y cada verano me trató igual de bien, me gusta pensar que, a mi manera, estoy recargando unas baterías potentes que me tocó gastar durante el pesado 2025.
Que lo pases bien. Un beso
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