martes, 21 de julio de 2015

Ardor

Ardor veraniego,
ardor de alto vuelto,
ardor en invierno, ardor en la primavera,
de día de noche, en tensión o en espera.

Llega el hambre y se sacia, más inevitablemente vuelve al tiempo como si nunca hubiera sido satisfecha. Esa misma hambre de comer comida, de beber líquidos día a día, de encontrar el placer en lo que sea que nos apetezca, el hambre vuelve tarde o temprano, a veces cuando menos lo quieras.
Con fuerza lentamente te va poseyendo, puede bastar un pensamiento, un aroma familiar, una fotografía o sólo una vaga idea pasando por la cabeza que gatilla todas las sensaciones tan irresistibles como placenteras.

Llega el ardor y se le puede ignorar claro, ya sea por actividades en las que uno se ocupe o por imposibilidad de aliviar el hambre, sin embargo sólo en apariencia se retira, ahí se queda, acechando, amenazando, invadiendo. Hasta que se puede aliviar la carga, hasta que llega el momento donde el fuego encuentra leña para engullir y crecer y elevarse casi como una oración,
casi como una oda al deseo..




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