martes, 11 de agosto de 2015

Donde solías vivir

El otro día por circunstancias ajenas a mí tuve que pasar por fuera de tu casa, tu antigüa casa mientras viviste aquí...
Nadie más lo notó, lo callé, pero cómo podría dejarme indiferente el revivir tantos recuerdos en un sólo instante...
Sigue igual, blanca, con su reja externa en mal estado, y esas ventanas que no dejaban ver mucho hacia dentro, sin embargo ya no estaba tu auto afuera, esta vez otro más grande aparcado en el patio me recordó que ya no estás en esta ciudad.
Y tuve un flashback de un día cualquiera en que me aparecía por la mañana golpeando esa puerta de madera. Me recibías con tu cabello ondulado aún húmedo por la ducha. Cierto frío en ese pasillo, una cocina con una estufa demasiado pequeña para esta región, se notaba que no eras de acá. No importa, nuestro abrazo todo lo malo hacía olvidar...
Conversación actualizando noticias, quizá una llamada tuya telefónica y luego a dedicarnos a amarnos sin importarnos nada más. En cualquier lugar de esa casa grande con 4 dormitorios...
Todo era perfecto, tu marido jamás se enteró
Todo fue perfecto.




Hoy ya no estás, no te volveré a ver y aún así pareciera que las ironías de la vida se las ingenian para hacer que cuando menos lo espero el auto en el que voy deba justo pasar por afuera de esa casa esquina, donde incluso alguna vez pasé la noche en una travesura máxima nuestra...
Las circunstancias de la vida te obligaron a partir, a nuevos horizontes, mejores soles, menos helados inviernos y siempre te deseé lo mejor, tal como tú a mí. Hay capitulos que se cierran para bien pero aún así dejan un sabor nostálgico cada vez que involuntariamente los re-visitas.

Se va la noche y pronto llegará el día, sólo me quedo tranquilo de recordar que sabes cuán felices fuimos.

Decía Dante Alighieri en su Divina Comedia que no hay peor castigo que recordar tiempos felices en momentos de aflicción...



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